Este es un posteo sin nombre, pero lo nuestro es pasar.

“Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar… Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres, mi canción, yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón, me gusta verlos pintarse de azul y grana, volar bajo el cielo azul, temblar, súbitamente y quebrarse, nunca perseguí la gloria…Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar”
Esas líneas rebotaban en mi cabeza (cuales habían ilustrado gran parte de mi niñez en aquel disco dorado grabado marca Kodak, que habían llevado a casa junto con el único reproductor de cds que tuvimos), el sol yacía sobre las grises nubes que cubrían el templado día de otoño, en aquella frontera que divide occidente de oriente. Pasaban dos días y 50 kilómetros a pie desde la ultima vez que habíamos entablado una conversación por mas de 2 minutos con alguien, mostramos los pasaportes y nos dirigimos al ultimo bastión de occidente; quienes custodiaban la garita griega del puente salieron a nuestro encuentro, seño fruncido, itaca en mano: “Buenas tardes, no pueden pasar caminando” enunciaban los uniformados, mientras ya se preparaban para una oleada de preguntas que ya se nos antojaba tanto rutinarias cuando nos topábamos con la ley, el puente se pasa solo con vehículo, por mas que los dejemos pasar desde acá, en el otro lado los van a mandar de vuelta, no pueden pasar. Por mas uniformes, estrellas y condecoraciones, los gendarmes, policías y oficiales, siguen siendo personas, tienen sueños, ansían cosas, divagan entre las estrellas de vez en vez, o cuando el servicio cesa por 72hs y vuelven a casa para ver el partido entre Phanatinaikos y el FC Bucarest por la ida de cuartos de la copa de la UEFA, así que no tardamos en pasar de una charla hostil sobre papeles y direcciones a una charla cuasi de amigos sobre sueños y direcciones… ahí, arriba del rio Évros, compartiendo galletitas, charlando y riendo, mientras ellos paraban a todo auto que intentaba pasar el puente, solo para preguntarles si nos “hacían el favor”.
Algún tiempo más tarde, ya habiendo atravesado el puente y sellado los pasaportes, nos adentrábamos por primera vez en una ruta de “oriente”, un cartel rezaba “Bienvenidos a la republica de Turquía” y doscientos metros más adelante un segundo aviso, más pequeño y más tímido que el primero susurra, Istanbul 230 kilómetros. Haber llegado a ese punto, presupone en principio, que aquello que me había pactado desde un comienzo, estaba por cumplirse, la meta, o mejor dicho la excusa que había inventado para llegar a esa ciudad desde la otra punta del continente a dedo, cruzando así 14 países, 4 meses de viaje y cientos de personas, estaba como mucho, a algunas horas de distancia. En un comienzo, ideas de la índole de la disolución del ego, apertura mental y espiritualidad rondaban mi cabeza y fueron los principales hidrocarburos para el motor de lo que me llevo hasta ahí, pero es verdad que también como se pierden los nombres de los días, las horas se construyen de un material viscoso que a veces fluye y a veces tarda milenios en pasar de un lugar a otro, también mi propósito se desfiguro, día tras día contando reiteradamente a personas diferentes que era lo que realmente me empujaban a hacer tal “locura” (como así lo llamaban los escépticos y no tanto) fue deteriorando y erosionando el sentido, como las palabras cuando se repiten velozmente hasta que se desarma toda sensación de racionalidad y queda flotando en el aire como si fuese una palabra inventada sin significado alguno: escorpionescorpionescorpionescorpion…. escorpión? Aguara-guazú? disolución del ego? para que quiero escribir estas historias en este medio? que estoy buscando? acaso no es otra forma de acentuar una forma de ego? que carajo hago perdido en Albania sin plata, sin saber hablar y con una bolsa de dormir que al final no abriga lo que decía la etiqueta? déjalo ahí, las respuestas llegaran solas, el universo es sabio, y el tiempo… el tiempo su mensajero.
No se definir si es que a veces se nos cobran suertes de peajes, tarifas, impuestos o si es que nos ponen a prueba, si es verdad que realmente merecemos lo que va a suceder, o si es que solo estamos haciendo las cosas para llegar con sincronismo perfecto a esa otra cosa que nos espera mas adelante, ahí nomas, eso es algo que debo agradecerle al camino, me enseño a estar feliz, reírme y estar pleno aun en esos momentos que a priori se presuponen como malos o tediosos, como en aquel poblado bosnio que tras 3 horas de stop sin éxito, me volvía frustrado otra vez a la capital solo para encontrarme, sin saberlo a la persona con quien convidaría ruta durante los próximos meses y se transformaría ciegamente en un hermano incondicional para toda la vida, o como en la carretera que une Alexandropoulis con la frontera turca, unos 50 Kilómetros donde absolutamente nadie paro a nuestra seña de autostop, dos días a pie, que en la distancia solo puedo entenderlo que en realidad era el tiempo obligado que teníamos que esperar, para engranar todo lo que seguía, de otra forma era imposible.
Lo que había del otro lado de la frontera cambiaria mi concepción del trato humano para siempre (espero),  habían pasado solo 2 horas desde que habíamos obtenido el sello de entrada en el país y ya nos habían levantado 3 veces, nos habían regalado alimentos y como si eso no fuera poco, esperando que escampe en una estación de servicio, sin pedir absolutamente nada, llego Abdul de la nada y dijo, están viajando, hacia Istanbul? okey, yo vivo a 100 kilómetros, vienen conmigo, duermen en casa y mañana a la mañana salen frescos y bien dormidos. Fue como un mensaje de bienvenida, como anunciando lo que nos esperaba: la hospitalidad a flor de piel.
Mucho tiempo pensé en ese momento, mucho tiempo mas del que llevaba en la ruta, encontrarme en esa situación de quiebre, donde solo un aventón mas y llegaría de lleno a la antigua Constantinopla, que como será ese ultimo tirón?, de que sensaciones estaría dotada esa experiencia que coronaba el tiempo que llevaba con el pulgar en alto? como normalmente se dice, idealizando, prejuiciando, generando todo un mundo antes del momento, casi como esos musicales, las puertas de Bizancio se abren, alfombras voladoras, turbantes, humo, humo, mucho humo y la música tan típica inundando cada pensamiento previo, y ahí estábamos, Istambul 70 Kilómetros, auto gris, Taxi? no tenemos dinero, y entonces que buscan? hacemos auto-stop, ok arriba. El ultimo cartel que nombraba a la vieja encrucijada del mundo decía 30, el silencio era el dueño del auto, nuestro conductor no tenia interés en preguntar nada, ni estaba muy entusiasmado en contestar nuestras preguntas, ni siquiera sabemos como se llama, algunas casas, edificios, tambores mentales, y de pronto, como las bestias carnívoras que esperan su presa sin hacer ruido, la gama de casitas se hizo edificio, mole, enorme, furiosa, y de una manera muy extraña con el simbolismo que presupone, entrabamos de la mano del anonimato, ya en sus fauces… Istambul. No quiero detenerme a explicar los nombres de las personas, ni si dormimos en casas por couchsurfing o si fue la intemperie quien nos cubría por la noche, no pretendo caer, en esa figura del viajero que se va y vuelve con aires de Indiana Jones y el prendedor que consiguió de oferta en un sucucho tailandés, esto, ves? ves como brilla? bueno… lo encontré en Tailandia. Basta!
Siempre me quedo en la cabeza lo que me dijese aquel budista en Italia, “Maxi, no necesitas seguir viajando, ya lo has encontrado todo, puedes terminar aquí, viajar es solo un lujo”… puede ser que viajar sea un lujo, o no, no lo se, también podría decirse que es una forma de vida, o se puede decir lo que se quisiera, supongo que siempre se le encontraría alguna descripción que concuerde; lo cierto es que no se si estoy seguro de que en aquel momento diera cuenta de lo que venia aprendiendo, pues creo que esto de andar deambulando sin ritmo ni fecha empieza a generar cositas de apoco, y es paulatino, es total y completamente imposible visualizar aquello que yace bajo el agua turbia al segundo día, las aguas han de estacionarse, y eso lleva tiempo. Ideas se van sumando, una por este lado, la otra que menciono un marroquí en Barcelona, el pastor y las mujeres albanesas, las hermanas en el monasterio ortodoxo de Lidia, los episodios de Croacia, el arcoíris atravesando la casa en Thessalonikis, los 50 kilómetros, la intemperie, la noche, el anonimato del ultimo aventón, el té y la Tabla, pequeñas oraciones de un texto que se iban ensamblando con el tiempo; como si de veras, fuese él quien organizara todo, premeditación absoluta, engranajes. Los mensajes llegan, si se sabe esperar, los mensajes llegan… es así.
Lo bueno de todo esto es que nunca sabes realmente que va a suceder, que pasara al otro día, que pasara en la noche, que pasara en los próximos 13 segundos, hacer planes, minuciosos no vale la pena, si creo que es coherente tener un plan a gran escala: okey, quiero ir de acá hasta ahí, pero lo que pase en el medio se dará solo, no importa si se tarda 1 día, 3 meses o lo que sea; me toco compartir tiempo con un viajero, que se había puesto en la cabeza alguna vez, llegar a Turquía, hacia 4 años que estaba viajando, no le importaba cuando llegaría, el solo sabia que iba a llegar algún día. En el camino se pierden cosas, se encuentran otras, se conoce personas, se pierde el aliento, se caen algunas lagrimas, alguien te enseña a cocinar pan plano, te das cuenta que no precisabas de esa ollita en la mochila, que mucho prepararse es demasiado, que comer carne no es para nada una necesidad, que tomar mates otro tanto; es verdad que todo trata del despojo, de aprender a valerse con otras cosas, como usar las manos y lo lindo de dormir acobijado por la niebla y despertarse con hielo por el aliento congelado, todo es fruta, ineludiblemente todo es fruta, todas las cosas aportan, todo es alimento, todo sienta bien, aun de las cuestiones como la tuna, que espinosa y hostil guarda consigo liquido y azúcar para nutrir al cuerpo.
Turquía fue el marco de muchas experiencias distintas, pero lo que termino decantando fue una mezcla de gente que te grita desde las puertas solo para invitarte a comer algo, autos que paran con solo hacer seña, invitaciones de chay (té, çay, tchai, thé) y el juego de tabla. Hablar de esas cosas no es otra cosa que hablar de hospitalidad, de aprecio, de buena energía, de solo hacerlo por el placer de ayudar. Una oscilación interminable de pasar del camino solitario en las rutas antalianas a convivir en el centro mismo de una familia que acabábamos de conocer por preguntar donde podíamos tomar te, compartir cena y dormitar en lo del  dueño de una tienda de aceite y todos sus amigos, siendo parte de sus danzas y músicas como si fuésemos amigos de toda la vida, dormir en una granja sin ningún tipo de comodidad con un adolescente afgano, donde nos ofrecía todo lo que él tenia, un lugar para dormir en su humilde casita, ser invitados a comer pescado frito en el momento por el empleado de una pescadería, que un cirujano, un cocinero y toda la policía de un pueblo se movilizaran para conseguirnos lugar para que no durmiéramos afuera, que dos mozos en el mismo bar se secundaran para invitarnos a tomar té, como así también, una decena de personajes en las calles. Que sucedan este tipo de cosas y vivirlas en carne propia, no puede hacer otra cosa que cambiar las percepciones, comprender de otra manera la vida diaria, no estoy diciendo con esto que tuve una suerte de revelación dorada, ni que vi a dios jugando a las damas sobre las paredes de Capadocia, no tiene nada que ver con eso, hablo de la condición humana, del ser hospitalario, de compartir, del dar. No es una idea mía, ni nueva, ni muy original, pero he llegado a sentir, y eso es lo que destaco, el llegar a sentir, que una unidad completa con uno mismo no se logra sin la intervención del dar, del otorgar al otro.
Dicen que quien creo el ajedrez dijo que ese juego era como la vida, tienes que premeditar cada movimiento, elegir cuidadosamente las piezas y avanzar para cumplir el propósito; pero también se dice que lejos de ahí otro hombre le contesto en silencio: el juego de Tabla es como la vida, tienes que premeditar cada movimiento, elegir cuidadosamente las piezas y avanzar para cumplir el propósito, pero además… precisas de suerte.
En aquel paraje Gengis seguirá vendiendo aceite, esa señora seguirá llamando a los viajeros que pasan desde la puerta de su almacén, las señoras albanesas seguirán cargando con sus ramas y los “lavash” seguirán funcionando junto a la banquina, como aquellos chicos serbios compartiendo su Pepsi, día a día, lo normal, los que pasamos hemos sido nosotros, eventuales cruces del destino, mutuos choques en el camino.
Todo pasa y todo queda… pero lo nuestro es pasar… pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar.

Un matrimonio en las rutas anarquistas

Todo cambio, trae inevitablemente, nuevos cambios; después de andar deambulando por los caminos que se generan en el viajar sin compañía, volvía a tomar las vías de la dupla. Muchas veces en diferentes ocasiones antes de emprender un viaje se buscan compañeros de ruta, que generalmente se encuentran en viejos amigos, novios, novias, primos, hermanos, pájaros o trogloditas con los cuales se es habitual el estar juntos, se mantiene una relación y sobre todo y no mas importante “se conoce”. Empezar a viajar con alguien desconocido es como mudarse a un departamento con una persona que nunca se ha visto antes, mejor dicho, es como un matrimonio sin que la pareja se conozca, es compartir las 24hs, dormir en la misma carpa, comer las mismas cosas, viajar en los mismos autos, debatir todas las decisiones… vamos por la ruta provincial o agarramos la autopista?
dubrovnic00    Nos parábamos en las afueras de Sarajevo, justo ahí donde se dividen las rutas, Servia por un lado, Croacia por el otro, armamos un cartel y un rato mas tarde ya compartíamos el primer anfitrión juntos. Paul acostumbrado a caminar y nunca mirar a los autos a los que hacia auto stop y yo… que siempre había adoptado la idea de esperar en la banquina y clavarles la mirada a los conductores cuando pasaban, debatíamos la nueva “técnica”, esperamos 10, caminamos 10… El primer cambio aparecía. Viajar de a dos, presupone un viaje mas lento en ocasiones, todos los autos que antes tenían lugar para uno, ahora no pararían, pero por el contrario, aparece el tan preciado “convide rutero”, risas a coro, dividir el pan, compartir la lluvia; pasaban 3 horas y llegábamos a Mostar, a bordo de un auto austriaco. Los caminos bosnios que cruzamos siempre tienen en su fachada la nostálgica e irreverente memoria de la guerra, los edificios en ruinas se repiten como la figurita fácil del álbum, construcciones abandonadas y agujeros juegan la parte de ser asteriscos que siempre llevan a esos 3 eternos años que no quieren terminar.
dubrovnic01dubrovnic03Tras pasar la noche en la ciudad y dar con un grupo de músicos que iban por el mundo con bicicletas tocando en todas los pueblos y ciudades, emprendimos camino otra vez, siguiendo las rutas que llevan al mar, esperamos y caminamos varias horas hasta que cuando nos habíamos decidido a plantar la carpa, paro el primer auto, nos llevo hasta algunos kilómetros de la frontera, la noche nos traga, carpa en una granja vecina de la ruta y lo que comienza a ser nuestro emblema de viaje… “ya veremos”.
dubrovnic04Despertamos con el alba, probamos el dedo y al ver que no funcionaba nos propusimos caminar, en primer instancia bromeando con cruzar la frontera de esa forma, pero pasaban las horas, los autos no paraban, y tras disfrutar del mágico camino que desemboca en Croacia, (los árboles de naranjas, higos y granadas se multiplican al costado de la ruta y obsequian sus frutos a quien quiera tomarlos; se me presenta realmente extraño, quizás no para todos sea igual (seguro) pero este camino se torna anarquista, los árboles crecen, la gente toma las fruta, las come y nunca el dinero pasa por el medio, aun así si los árboles están dentro de jardines, con solo golpear la puerta y preguntar te contestan con una bolsa de naranjas), algunas horas después, cruzamos, a pie, la frontera.
Para alcanzar Dubrovnik desde donde estábamos, teníamos que entrar en Croacia, salir y volver a entrar en Bosnia, solo para entrar de nuevo en Croacia, galopando en un deportivo rojo a 170 por hora cruzando las sinuosas rutas dálmatas, sin antes parar una hora en la frontera para requision total y averiguación de antecedentes, y algo que me llamo totalmente la atención fue una pregunta que el policía de turno le hacia a Roben, nuestro conductor… “y vos porque levantaste a esta gente en la ruta???… – Porque me gusta la gente que viaja”, ahí donde van los casetes, tenia pegado el estribillo de “born to be wild”…
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Nostálgica y surreal

La lengua eslava pintorroquea la ruta que fue Italia, fue Istria, Trieste, Yugoslavia y hoy Croacia, nos lleva a Pula, el punto sur del triangulo en el mapa, donde sin saberlo, nos espera Sebástian, un viejo amigo de Carlo.
Cuando se entero de mi ruta, Sebastian sobresaltado y con su español de bello acento me inquría “porque los Balcanes hijo? Porque?” y junto con Carlo me trataban de convencer de que pegue la vuelta, ya había llegado hasta aquí, ya era suficiente, “no te metas a hacer dedo en los Balcanes” fue lo que básicamente escuche por los dos días que dormimos en la casa de Pula. Historias de robo de órganos, desapariciones y demás cosas por el estilo entraban por mis oídos, y debo admitirlo, dentro mío se debatían los mares del miedo quizás por primera vez realmente presente de lo que llevaba en mi nueva vida en la ruta, tras meditarlo y jugar con las ideas me lance otra vez a lo que no conocía, ahí las fotos con los monumentos escasean y las ciudades no tienen pinta de lugares turísticos.
pula00pula01pula02Tomamos la Minivan otra vez y nos fuimos hasta la entrada de la ruta que se dirigía hacia Zagreb, Carlo volvía a Trieste, y yo partía con dirección a la capital en un camión croata. Pasamos del mar a la nieve en 20 minutos y a los vientos del Bora otra vez, me llenaron de indicaciones para encontrar el mejor “Cevapci” de Bosnia y me dejaron en un peaje, con otras dos personas haciendo dedo, pero quien sabe por que… un auto rojo apunto y estaciono donde yo estaba, BOSNIA, y nos fuimos. Mi conductor estaba segurísimo de que yo era un experto en la lengua alemana, así que sin mas preludio se lanzo a parlotear como loro en un tedesco fluidísimo, a lo que yo respondía con caras de “no entiendo nada mai frend”, se hizo de noche, cruzamos la frontera con Bosnia i Herzegovina y por arte de magia (o diferencias culturales) las señales de transito se transformaron adoptando extraños símbolos que solo había visto en figurita, estábamos en la llamada “Republica Srvaska” de Bosnia, donde se escribe en Cirílico y las banderas de Servia flamean en cada kilómetro de ruta. Con la noche en color “negro-profundo”, mi compañero me dejo en Prjnavor, sin linternas, sin conocer el lugar y con el letargo de la marea del mar del miedo que me habían sacudido los días anteriores, por primera vez dormía en un hostal.
Despertaba en ese país que cambia de gobierno cada 8 meses, y que cumple 3 ciclos, un presidente bosnio, un presidente croata y uno serbio; alzaba el pulgar una vez más y me subía al auto de un cura ucraniano que hablaba italiano (y me di cuenta que sin quererlo, había aprendido a conversar en ese idioma yo también). La música cambia con los paisajes, si de Europa me habían contado algo, las historias nunca se referían a estos lugares, valles cuasi vírgenes, montones de paja color otoño se amontonan en las precarias casitas de los costados, las primeras mezquitas y el recuerdo de una guerra que en las casas y las cara de los transeúntes parece no querer amainar la mansalva.
pula10pula09Llegue a la ciudad donde la primer guerra mundial se habia desatado, casi una centena de años mas tarde, escuchando los hitazos de Aca Lucas vía blue-Toth y mientras mi compañero me preguntaba porque venia a Sarajevo, siendo ella tan fea y tan poco turística… 5 de la tarde, los edificios agujereados por las balas que recuerdan aquellos años en la década de los 90’ se mezclan con los llamados a oración de las mezquitas, se me antoja como poco… surrealista.
pula12 Las “Rosas de Sarajevo” y en algunos bares se presentan en pequeños pósters los sitios donde la ciudad sufrió atentados, primer guerra, segunda guerra, snipers, enarbolando hoy el “Sitio de Sarajevo” como quizás la fuente mas grande de turismo, ojo, sin olvidar aquel preciado invierno de hace mas de 25 años atrás, donde la ciudad fue cede de los juegos olímpicos y al día de hoy se siguen ofreciendo remeras, gorras y llaveros con la mascota del evento, así es… Sarajevo 84.
pula07pula08pula13Después de algunas jornadas en la ciudad, compartí piso con chico turco y tras algunas conversaciones mi boca (ni mi voluntad) quisieron dilatar mas la respuesta… y vos, como ves la situación con la región del Kurdistán? – mirada punzante, y ese silencio que demuele montañas “No vuelvas a decir eso… el Kurdistán no existe” – dijo sin titubear, a lo que mis oídos y mi frente se tiñeron de frío, la relación no seria la misma luego de esa respuesta. Al día siguiente alce la mochila y me enfile en dirección Belgrado, donde me esperaba mi próximo anfitrión… tres horas en la banquina y ni siquiera habían parado para preguntar a donde me dirigía, así que antes de que la luna se posara volvía a la ciudad para pasar la noche… pero como no me canso de decir que el azar es el rey y el tiempo es quien obra… mientras hacia pasar el tiempo sentado en el símbolo de la ciudad, vi que alguien con una mochila cruzaba por mi lado… “Ey tu!, si tu!, estas viajando?… Autostop??? Estambul???”…
Al día siguiente partimos hacia el sur, hacia Croacia otra vez; dejaba atrás mis tumbares solitarios y emprendía un quiebre en el camino, con Paul, mi nuevo compañero en la ruta.
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Las cupulas y las fronteras

Ponía mis pies sobre Piazzola Roma y todas las fotos, historias, y figuritas repetidas de Venezia se me venían a la cabeza, además de llegar a esa ciudad llena de clichés también llegaba a la ciudad donde había nacido Marco Polo, aquel viajero que vio los mundos lejanos de oriente… pero para… Marco Polo era veneciano… italiano me decís… ah… no era italiano?, pero Venezia no esta en Italia??? Claro, hoy… si hoy ubicamos la ciudad donde nació el explorador esta en…Isla de Curzola, Ex Republica de Venezia, hoy… Croacia.  Año 700 DC, Venezia obtenía su formal independencia del Imperio Bizantino y no formaba parte de Sacro imperio Romano-Germánico, nacía la  Serenísima Republica de Venezia, un poblado que empezó en el centro de la laguna natural donde hoy se encuentra la ciudad y que en su apogeo llego a ser una de las principales potencias del mundo “conocido” (Conocido por los europeos) y a integrar entre sus territorios a la isla de Chipre, Istria y Dalmacia, hoy Croacia, Montenegro y Albania. “La serenísima” conoció su ocaso hacia el 1800 cuando Napoleón Bonaparte tomo la republica casi sin resistencia alguna y sus tierras se dividieron entre Francia y Austria, tras un acuerdo firmado; 60 años después se adjuntaría al Reino de Italia.Tocaba la campana lunar cuando me encontraba con Carlo, el tío de Ricardo, (que junto con Eva, Francesco y Alessia forman parte de la banda Kandisky) en Piazza San Marco, (no sin antes cruzarme con las encargadas del stand de Rumania en la bienal de arquitectura y ganarme una entrada gratis… por simpaticon), tomamos el vaporetto esquivando exclusas y controles, y nos fuimos al departamento. Carlo es budista y durante días no paro de asegurarme que, no importara a donde viajara, todas las respuestas que buscara, ya las había encontrado en este lugar, y si en algo tenia razón, fue en decirme que “uno no puede darle la fuerza de cambiarnos a los lugares que visitamos, eso corre por cuenta nuestra”.  Carlo forma parte de la cabecera que trata de rehabilitar un ex hospital en desuso en el Lido de Venezia para su transformación en centro de artes y teatro, función que se estaba cumpliendo con una basta programación de festivales multiculturales, espacios para diversas ramas artísticas, centro de exposiciones, biblioteca, etc… Hasta que bandidos a sueldo enviados por la empresa que pretende explotar el lugar para su transformación en Spa y centro de Resort, destruyeran el trabajo que tardo más de un año en lograrse con el sudor, tiempo y apoyo de muchos colaboradores. El teatro Marinoni hoy ha quedado destruido, han tirado abajo no solo un lugar, si no también un caldo de cultivo para las artes, las expresiones y los nuevos pensamientos, en el nombre del euro, el Resort y el espíritu santo.
Este lugar sin duda, es uno de los más turísticos del mundo, la gente se amontona cual suculentas sardinas unas tras otra en cada esquinita de sus minúsculos recovecos transitables y las famosas (y no menos prestigiosas) góndolas surcan alguno de los 118 canales al compás de los clicks digitales. Una señora posa con su bufanda de piel en un bar de San Marcos  y los vendedores de botas para el “Acqua-alta” se quitan los clientes cuales buitres, la carroña.
En los días que pase en el departamento, a Carlo le surgió una suerte de empatia aventurera, agarro su Multivan azul de los 80’s y nos fuimos, juntos, a Croacia. Diez minutos en Eslovenia y pasamos  la frontera con la Republica Hrvatska, cruzar esas fronteras no es cruzar una frontera mas, no es solamente un cambio mas de país, representa un cambio total de pensamiento, historia y cultura. Croacia es la puerta de los países balcánicos, Dalmacia, Ex-Yugoslavia; es donde terminan todas las fotos conocidas, todos los monumentos atestados.

Marco Polo y el hogar

Caminaba, creo que ilegalmente por el túnel que sirve de conexión entre Suiza e Italia cuando me tope con la gran cola de camiones parados por el control fronterizo, me pare adelante del ultimo en la cola, sonrisa, pulgar arriba y al grito de “A LA ITALIA”: se bajo la ventanilla, y un ademán para entrar se vislumbro, el hechizo había funcionado. Entre la apresurada subida, sumado a la tarea de levantar la mochila a la altura de la puerta del camión se sumo la sorpresa de escuchar voces en español, Antonio era de Ávila, un pueblo a pocos kilómetros de Madrid; a donde vas? Torino, respondí, (era la ciudad que el mapa me había respondido a la mañana cuando le había preguntado, pensaba utilizarla como escala para llegar a Milano, donde vive Francesco, italiano, con quien coincidimos en Lyon); yo voy a Milano respondió Antonio… AH! Entonces yo también!!!, la ruta tomo otro rumbo, directo a Milano. Por las horas que ya había conducido, mi compañero no podía llegar en el día a destino, así que buscamos un lugar donde apearnos, brindamos con “Birra”, cenamos en el camión y nos fuimos a dormir; a la mañana siguiente Antonio me levantaría con galletitas y chocolatada.
Entrar al país de donde salieron la mayoría de mis antepasados me toco algún nervio de por ahí, y al ver la primer bandera roja, verde y blanca en el firmamento tuve que esconder la mirada vidriosa a los ojos de Antonio; el cliché del nieto que volvía se estaba cumpliendo a pie de la letra.
En Milano pase tres días, y debo decirlo no vi el Duomo, no, no lo vi, pero también puedo decir que el primer día, el mismo en el que Antonio me despedía en la fabrica de aluminio, tuve que buscar “L’Arco Della Pace” y varias veces la respuesta fue NO!, (perdone señorita, no estoy pidiéndole dinero, ni que se acueste conmigo, necesito saber donde esta uno de los únicos dos monumentos que tiene la ciudad). Luego de la estadía en la casa de la familia de Francesco partí a Bologna, en la mañana del único día en el año que no se permite circular autos, por suerte después de las 10, y tras sentir en carne propia eso de “en Italia el auto-stop es bastante jodido” llegue a Bologna. No se si fue estar en la tierra del escritor o ver tantas ciudades diferentes, pero de un momento a otro me sentí jugando a ser Marco Polo relatándole los poblados a Kublai Jahn en “Las ciudades invisibles” de Italo Calvino, así que si me dejan, me atrevo…
…”Partiendo desde la capital Tana de la moda, 9 horas de auto-stop en dirección austral, se divisa Bologna, ciudad cambiante, ciudad mutante. Cuando uno toca por primera vez el suelo de Bologna, sabe que esa “Bologna” solo dura un año, pues el próximo año todo cambia, caras nuevas que aparecen y otras tantas que se van. En Bologna pasa el tiempo y quedan los patriarcas, quedan los barrotes de hierro, y los viejos ladrillos como antiguos monumentos, hasta que el gobierno de turno, en este caso la muerte, decida renovar el empapelado porque ha pasado de moda y acceda a poner algunos nuevos. Todos pasan, todos fluyen, pero algunos quedan pegados a la arquitectura de esta ciudad que se mueve, como quien cumple una condena en el “Holandés Errante”, y la ciudad zarpa, buscando esa tripulación que se renueva por completo cada cinco años”…
En esa ciudad me esperaba Eva, a quien había conocido en Milano, y me iría como amigo de todos los que vivían en la casa, Daytone, Giordano y Matteo, quien todas las mañanas me despertaba con un “Massi te fato el café?”, hice empanadas para 8 italianos y cuando me fui les prepare 2 kilos de dulce de leche casero, en la pared colgaba un almanaque que por mas que lo cambiaramos, siempre volvia a ponerse en Agosto, es como si recien habria llegado.
Wikipedia dice que el hogar es “un lugar donde un individuo o grupo habita, creando en ellos la sensación de seguridad y calma. En esta sensación se diferencia del concepto de casa, que sencillamente se refiere a la vivienda física”,  y según eso, el único lugar donde habito realmente es en mi propio cuerpo, en este tiempo me he convertido en errante, tres días acá, tres días allá, dos días quien sabe donde; nunca se a donde me dirijo ni donde voy a dormir el día siguiente; nuestro verdadero hogar es nuestro propio cuerpo.
Campiña de Ferrara, el loco lindo de Andrea, que cuando se entero que era argentino saco todos sus libros, discos y videos de tango, un camión italiano conducido por un moldavo y por preguntar la dirección en un taller mecánico, me subieron a un auto y me dejaron justo ahí, en Piazzola Roma, Venezia, la Republica de Marco Polo.

Pueblo, Kalima y Azar

Somos hijos del azar, desde el principio de los tiempos,  alguna vez, por casualidad, dos personas, un hombre y una mujer, coincidieron en un lugar, entre todas las personas que había ahí y ellos por casualidad… se vieron, se gustaron, se acostaron y nuevamente por casualidad, el espermatozoide que fecundo el ovulo, no era otro sino que el tuyo; tus amigos, los vecinos y hasta la penicilina, azar, casualidad, azar, casualidad, el camino es una cadena interminable de eslabones de azar forjado por los años del universo con una suerte de energía cósmica, creo fehacientemente que cuando uno entrega su vida al azar, a arriesgarlo todo, a perder el miedo a perder, vuelve al origen, a la incertidumbre y solo se puede ganar, vuelve a ese dios que no permite nombre, ni forma, ni concepción; porque Dios no es el nombre, Dios es solo un nombre, Azar es solo un nombre, Felicidad es solo un nombre, Pueblo es solo un nombre.
Banquina, Samuel desde el Cabo Verde, setenta kilómetros de lagos a la vista: Lausanne, mí parada antes del Cantón de Valè; una ciudad que se lleno de azar, como si fueran una sucesión de dados, dominós y cartas saliendo por doquier. El día que llegue tenia que esperar hasta la noche para encontrarme con Andreas, quien me hospedaría por cinco días, entre en la biblioteca municipal para anotar la dirección a donde tenia que reunirme con mi Couch y me vi en el bonito problema de recordar que en Suiza tienen otro enchufe; una mujer leía un libro sin usar su portátil, había que hablarle… y después de intercambiar algunas palabras: Pará!, la fotografía es tu profesión y viajas solo por todos lados? pregunto… y tras una afirmación de mi parte se le dio por llamar por teléfono: estaba todo listo, el domingo tenia una cita con su hermano, Michel, que además de ser fotógrafo y periodista había recorrido buena parte de mundo con proyectos personales, Lausanne se presentaba, desde entrada, bastante amigable. Caía la noche mientras conocía a unos chicos sudamericanos que vivían en Suiza hace algún tiempo y me comentaban de la situación que se vive en el país, a veces tanta estructura, dinero y estabilidad juega un poco en contra: en Suiza, para tener un perro hay que hacer cursos y sacar licencias cada varios años; es un país para la plata y no para el corazón… grises, cerrados, tristes y con una agenda llena que no da posibilidad a un espontáneo e impredecible “Ey estas libre? vamos a dar una vuelta?”, así describen los suizos a los propios suizos, de que sirve realmente tanta cuestión monetaria si al final solo terminan siendo un coctel mortal? del Porsche a los Puentes del suicidio. Ojo, con esto no quiero sentar un juicio sobre toda la población suiza, ni declarar que el sudamericano, el español o el marroquí son mejor, de más esta decir que también hay gente maravillosa como en todos los rincones del mundo, colorida, abierta y alegre.
Andreas me esperaba de saco, sonrisa y corbata; cocinamos algo fácil, tomamos absenta y nos fuimos a dormir. Con el nuevo día los dados comenzaron a girar nuevamente (no se si dejaron de girar alguna vez en realidad, quizás a la noche, cuando todo se apaga, los dados giran mas que nunca), salí a caminar por el lago y después de dar con la legendaria Petanca (un juego que viene a ser el primo hermano o el nieto, eso esta en discusión, del bien conocido juego de Bochas, la diferencia es que se juega en un espacio cuadrado y las bolas son de metal, bien pesado) me senté en la arena, justo al lado de una mujer que escribía; disculpe, es escritora? Janine, al día siguiente estábamos juntos en una cabaña de los valles, en una exposición de cerámica, probando los quesos suizos y rodeados de mucha gente muy calida y amable, desde budistas que habian peregrinado en la India y  Katmandú hasta curas católicos ortodoxos.
Que es el pueblo? a que se refiere el concepto de pueblo? es posible concebir la idea de pueblo en las sociedades contemporáneas de las grandes metrópolis? en un departamento en alguna calle de Lausanne, hay una fiesta: dos chilenas, un hondureño, un argentino, dos suecos, una noruega, dos libaneses, una griega, tres suizas, un lituano, un español y un belga, abajo en la calle dos pakistaníes venden cervezas en un bar con bandera turca, ah y el que sirve el Kebab (comida típica de toda Europa) es de Bangladesh. Todos trabajan, estudian y viven en este territorio, quizás nunca vuelvan a su país de origen y forman parte del censo anual de ciudadanos. Que es el pueblo Suizo? que es el pueblo Argentino? que se define como pueblo, hoy, en la Europa contemporánea del siglo XXI?
Nunca viajo sabiendo realmente los destinos, solo se que me dirijo siempre al este, siempre hacia la cuna del sol, y en este momento era el Cantón de Valé, los míticos Alpes suizos; Salí a buscar las postales que había echo imprimir y luego de retirarlas los oídos fueron seducidos por un saxo lejano y una guitarra que venían de algún lado de esas calles empinadas, seguí el sonido y me tope con los chicos de L’Espèce Anonyme, aplausos, aplausos y mas aplausos, intercambio de sonrisas: el Lunes Fred, el saxofonista me esperaba en Troistorrent, Cantón de Valè, me ofrecía hospedarme, los naipes son los brujos y el destino su heredero.
Después de una despedida de las duras, dejaba Lausanne, dejaba a Andreas, con quien había entablado uno de esos nexos mas fuertes que el acero, nos entendíamos con la mirada, parecía que hacia años que vivíamos juntos; me iba en dirección “Valè” pero no antes de perder no una, sino dos veces mi cámara en la calle. Llegue a Troistorrents en el auto de Claude, el director técnico del equipo de futbol de Abay, un pueblo cercano, hablamos un rato y me invito un café en el bar de Edith que junto con Pedro se convertirían, para mi interior, en “Los Viajeros de la Kalima”, ambos en distintas épocas habían recorrido la India (por alguna razón, siento realmente que India me esta llamando, en los últimos 4 días conocí 6 personas viajaron por ese mítico lugar), Edith había llegado a la región de las especias viajando a dedo desde su Valè natal, sin descartar también que había llegado a dedo desde Centro America a la bonita Neuquén, viviendo un tiempo en Santiago de Chile, y Pedro, había vivido 4 años entre Sri Lanka, Laos y la India, su lugar: Goa; ambos hoy vivían sobre la Kalima, ese extraño suceso que hace que las nubes queden por debajo de los pies, allá en los Alpes, allá cerca, mas cerca del cielo.
Después de dos días en los Alpes acampando bajo la lluvia en las ruinas de un parque de juegos entre las montañas, levante estacas, visite un bar y tras que me dijeran “hoy a Italia? estas loco, es imposible, no llegas, esta todo lleno de nieve”, antes que el sol muriera cruzaba la frontera con Antonio un camionero Español. Si hubiera sido por el miedo, todavía estaría en Rosario esperando el tan famoso “algún día”.

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Después de festejar un cumpleaños, nos tocaba, por un lado, alzar las copas y brindar, por el otro buscar pañuelitos para secar las lágrimas, pues Julie había conseguido trabajo en Lyon: nuestro camino juntos se truncaba hasta nuevo aviso. Un poco felices, un poco angustiados y con una gripe que amenazaba con jugar a ser el avioncito del 11 de septiembre dejamos Luynes en dirección Lyon; en las primeras 4 horas habíamos hecho 30 kilómetros y compartíamos la banquina con dos personas mas; el tedio siguió hasta que llegamos algún pueblo con estación de trenes y empezó a llover, Julie se fue en un expreso y yo seguí en mi incansable búsqueda de anfitriones de ruta; treinta minutos mas tarde galopaba por el “el país de las Charolais” en una trafic y un jet de la armada francesa cruzaba el firmamento, era un preludio de lo que vendría; al salir del servicio del peaje donde me había quedado, y sin hacer dedo alguno, una voz desde otro auto se alzo en un lírico y tenor “Ey, haces auto-stop???”; se iba a Austria, me dejaba a 80 kilómetros de Lyon y en la parte de atrás… llevaba cargamento militar pesado: pase de ser narco sudaka a traficante internacional de armamento belicoso… a esta altura la Interpol ya debe tener mi foto en tamaño A3 pegada hasta en los baños.
Llegamos a un peaje apartado evitando todas las autopistas; era de noche, llovía a cantaros, y los faroles del peaje alumbraban a un mochilero solitario que pedía un aventón, (Stephen King toma notas para otro best-seller), un rato mas tarde, después de entregar parabrisas en una fabrica, tocaba el timbre en Lyon, Julie había llegado hacia poco mas de una hora. Arnaud y Cloè, chicos de couchsurfing, no habían empezado a comer, así que después del “agitado” día, celebrábamos con te verde y tarta de zapallitos; mas tarde caería en la cuenta de que en algún auto había dejado olvidada mi libreta de notas y la lapicera que un candidato a concejal en Bélgica me había regalado esperando un voto de mi parte.
La gripe se hizo presente y hermana de la lluvia incesante en los días que estuvimos en la ciudad, te verde, siesta, te verde otra vez y otro couchsurfer en la casa, además de nosotros, llegaba Francesco, era su ultimo punto después de dos meses de viaje antes de volver a su Milano natal, y como de originales tenemos poco, lo recibimos con fideos. (Ojo, cuando nos vio picando la cebolla se asombro, estaba casi seguro que le íbamos a meter ketchup y a la bolsa).
A veces sucede que una ciudad pasa sin meritos ni glorias, sin penas ni angustias, así paso Lyon, por lo menos para mi, siempre, y eso si, siempre se rescatan cosas, experiencias, personas desconocidas que se convierten en amigos, colores, sabores y risas se llevan para el fin del camino, justo ahí donde la ruta parece cambiar de direcciones, donde toma vuelos impensados, donde espera la próxima ciudad, la próxima vida, el próximo cambio.
Llegamos a Annecy, donde nos esperaba otro chico de Couchsurfing (a esta altura ya me veo con una remera y la estampa de la Web promocionando con panfletos en un parque: haga couchsurfing, haga el amor); Fabrice, francés, su novia de la Republica Checa y para nuestra sorpresa renovada, dos couchsurfers mas que llegaban en algunas horas. Annecy además de ser una hermosa ciudad con un lago impresionante, fue la ciudad que serviría como escenario de la despedida, días mas tarde Julie partía en un tren hacia Lyon, a mi se me caían las lagrimas y enfilaba hacia Estambul. Esa noche dormiría en Ginebra, cruzando la frontera escuchando punk rock y llegando a la ciudad sin Couch ni Francos Suizos, por cierto, es domingo y esta todo cerrado.
Si hay algo que definitivamente ha cambiado la forma de viajar en nuestros tiempos, es esto de la Internet, el wifi y todo el circo de la tecnología, después de que una italiana que hablaba francés en suiza me regalara un ticket de tren, encontré una conexión, inicie sesión… Jeremie me esperaba a 20 minutos de donde estaba (traigan las remeras, que las empezamos a regalar, si esas con el sofá y el planetita). Caminar por Bruxelles me había dejado la impresión de que realmente era una ciudad poliglota, multicultural, como al parecer todas las grandes ciudades europeas, pero Genève se las trae diferente, esta ciudad no son los bancos ni el pene de agua que emerge desde las profundidades del lago Leman, Genève es realmente poliglota, es una colisión de culturas a nivel de nebulosas galácticas, y creo que así debe ser toda Suiza, un puesto de diarios con titulares en ocho idiomas diferentes se ofrece en la puerta de un bar de kebabs llamado Kabul.
Creo que hay dos Genèves diferente, una es antes y la otra después de tirarse en sus aguas, de esa manera uno se convierte en la ciudad, se integra, deja que el lugar lo penetre, se hace una sola cosa; Jeremie me habla de viajar siendo activo y Stephen conjetura sobra la libertad. En algún lugar del poblado sucede algo maravilloso, “La Jonccion”, un punto donde se unen dos ríos, se transforman en uno, por un lado, el transparente, después de años de purificarse en el lago se une con el turbio, el río joven, aguas de deshielo que dieciséis horas atrás, eran un bloque gélido. Dos experiencias diferentes, la primera cuenta con la sabiduría de la decantación, años estacionado en el gran estanque, moviéndose, tocando otras aguas, hablando con los peces, con los patos, con los cuervos; es una experiencia del movimiento, de ir y venir, de subir y bajar, de conversar, de intercambiar puntos de vistas; la otra es diferente, es el arremetimiento decidido después de la experiencia de estatismo, del no-obrar, de la meditación, un gran Buda de hielo respirando por milenios en lo mas alto de la cumbre. Un conocedor del camino interior y un agente de marketing colisionan y se unen, cambian su temperatura, mezclan su color y se hacen uno… y como si no fuera posible de otra forma, toda Genève es una metáfora de la unión, afluencia de mil pueblos.

El astronauta, el deseo y el presente.

Daban pocas campanadas en el reloj de su vida y entraba por primera vez a la salita del colegio primario, ronda para conocerse, caras nuevas, todos decían sus nombres cuando le llegaba la pelotita color azul que se iban lanzando arbitrariamente, el miraba desorbitado: cuando le tocaría el momento? cuando le llegaría la bola? que diría? que irían a pensar? – La pelota azul estaba en sus manos – ASTRONAUTA!!!… el grito retumbo en la salita que daba hacia el patio de recreo, lo siguió el silencio y los cantos de unos pájaros que venían del exterior.
Pasaron los años y la pregunta se fue repitiendo a medida que conocía grupos nuevos, la respuesta fue siempre la misma, aunque cada vez se sentía mas tímido, bajaba el volumen, y miraba al suelo: astronauta, se ruborizaba.  Secundaria, grupo de lectura, taller de meditación, cumplía 20 años y cursaba el segundo año de la universidad: arquitectura, pero dentro, muy dentro, la voz de un niño de 6 años que tiritaba con una pelota azul en sus manos gritaba ASTRONAUTA, silencio, los pájaros. Paso un día, no sabe bien como, pero al despertar estaba dentro de un cohete espacial, no era un sueño, era real, destino: Saturno, luego los anillos exteriores del sistema solar, provisiones para cientos de años, 3, 2, 1, despegue.
Surcaba el espacio oscuro, infinito, experiencia de los dioses, hermano de las estrellas, intimo amigo de las nebulosas, así pasaron los meses y rápido se cumplieron años; pero algo estaba mal, a veces soñaba con que volvía a la tierra para ver a sus amigos y cuando se daba cuenta que no podía volver al espacio se asfixiaba, se despertaba y delante de sus ojos estaba el parabrisas, estaban las estrellas, estaba tocando el cielo, y lo sabia, era todo lo que había deseado por años, lo que había anhelado desde antes de la primer pregunta en la salita vecina del patio, a la derecha de la señorita cristina, enfrente de Anita, su primer beso juvenil. Estas cruzando el infinito mi amigo, se decía a si mismo y la canción del capitán Beto parecía estar sonando en vivo, justo detrás de los frontales; vio nacer estrellas, morir gigantes planetas, conoció gentes de otros mundos y un día recibió una llamada, desde la tierra, había que regresar.
Sus amigos lo recibieron con canas, otros pelados y algunos ya no estaban, sus padres no lo vieron regresar, las lagrimas inundaban sus ojos, estaba angustiado, había sido astronauta, conocía el cosmos como nadie.
Los años que le siguieron fueron años de entrevistas, escribir libros, comentar sus hazañas, pero estaba extrañado, no sabia porque había algo que no vibraba, y sabia que no vibraba desde que aquel día, 50 años atrás, en que despego rumbo a la nada. Tarde de otoño, afuera garuba, sentado en su silla, en las paredes de su cabaña serrana cuelgan las fotos que tomo en la Luna, en Júpiter, en A-x78, dolor en el pecho, falta de aire y el silencio eterno… Nunca comprendió que era astronauta.